Subidas regulares, tramos panorámicos rápidos, pueblos medievales y ciudades de arte: este viaje combina deporte y cultura, ofreciendo emociones en cada pedalada.
Quien quiera afrontar el reto con su bicicleta de carretera tradicional encontrará rutas estimulantes y vistas inolvidables. Para los que prefieren disfrutar de la Toscana sin preocuparse demasiado por la fatiga, nuestras bicicletas de carretera eléctricas (e-road) son la opción ideal.
El recorrido incluye cuatro sitios Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO: Florencia, Pisa, Siena y San Gimignano, además de la encantadora Lucca, con sus murallas renacentistas y la herencia del maestro Puccini.
El viaje termina en las colinas del Chianti Clásico, donde viñedos, olivares y cipreses dibujan uno de los paisajes más fotografiados del mundo. Carreteras perfectas para descubrir la esencia del ciclismo en Toscana.
¿La única pega? La duración. Siete días no bastan para vivir a fondo todo lo que ofrece la región. Florencia, Pisa, Lucca y Siena merecerían al menos dos noches cada una. Pero incluso en una semana, cada kilómetro estará lleno de historia, paisajes y sabores.
Distancia: 40–50 km (según el recorrido elegido)
Tras instalarse en el hotel, llega el momento de empezar a pedalear y tomar contacto con la ciudad y sus alrededores. Desde el centro de Pisa se sale por los Lungarni, cruzando puentes con vistas espectaculares sobre el río Arno. Antes de dejar la ciudad, una parada obligada en la Piazza dei Miracoli para saludar a la famosa Torre Inclinada.
Desde aquí, la ruta continúa hacia San Giuliano Terme, por carreteras secundarias planas y rápidas, con vistas a las Montañas Pisanas. Se puede alargar la salida hasta el pueblo de Asciano Pisano o, con unos kilómetros extra, llegar a Calci para admirar la espléndida Cartuja Monumental.
El regreso a Pisa se hace con un recorrido circular que pasa por el famoso mural de Keith Haring “Tuttomondo” y el verde del Giardino Scotto.
Una ruta que combina historia, arte y paisajes naturales, perfecta como calentamiento para los días siguientes. Para terminar la jornada, nada mejor que una cena en una típica trattoria toscana con especialidades locales como la “cecina”, los tagliolini con tinta de sepia o una buena sopa pisana.
Distancia: 60–70 km (con posibilidad de bucles adicionales por los Montes Pisanos)
Desde el centro de Pisa, la ruta comienza siguiendo el antiguo Acueducto Mediceo, una obra hidráulica extraordinaria construida en el siglo XVII por orden de Ferdinando I de’ Medici. El recorrido sigue en parte la vía ciclista “Giacomo Puccini”, que acompaña los arcos del acueducto y atraviesa campos de cultivo y pequeños pueblos rurales.
Avanzando hacia los Montes Pisanos, la carretera se vuelve ligeramente ondulada y regala vistas espectaculares sobre el valle. El itinerario llega hasta la histórica Rocca di Ripafratta, con sus antiguas torres de frontera entre Pisa y Lucca, antes de alcanzar las orillas del río Serchio.
El tramo final conduce directamente a las imponentes murallas medievales de Lucca: allí podéis elegir entre dar una vuelta completa por encima de las murallas, admirando la ciudad desde lo alto, o bajar de inmediato a las calles empedradas y a las plazas animadas del centro. Una pausa en las antiguas tabernas es imprescindible: platos típicos luccheses, sopas, farro y excelentes vinos locales.
Distancia: 80–90 km
Desnivel: aprox. 600 m
La ruta comienza desde las murallas de Lucca, siguiendo la pintoresca Vía de las Villas Lucchesi, rodeada de elegantes residencias renacentistas y tranquilas carreteras rurales. El itinerario continúa hacia Montecarlo, un pueblo medieval famoso por su vino y aceite de oliva, que en su día fue una importante parada para los peregrinos en camino a Roma.
Desde allí se desciende hasta Altopascio, donde merece la pena detenerse para probar el famoso pan de Altopascio, perfecto acompañado de embutidos locales. La pausa a los pies de la Torre Campanaria nos transporta a la época medieval: sus campanadas y la hoguera encendida en lo alto guiaban a los peregrinos por la Vía Francigena.
Tras dejar Altopascio, la ruta se adentra en uno de los tramos más sugestivos del viaje: el adoquinado original de la Vía Francigena, que atraviesa los bosques salvajes de Las Cerbaie. Después de cruzar el río Arno, el tramo final conduce hasta San Miniato, con su magnífico Seminario que domina la plaza principal.
La jornada concluye con un merecido plato de tagliatelle al tartufo blanco, orgullo gastronómico sanminiatense, disfrutando del atardecer sobre las colinas.
Distancia: 70–80 km
Desnivel: aprox. 900 m
Una de las etapas más espectaculares del viaje, exigente pero llena de paisajes inolvidables. Desde San Miniato, la ruta desciende al Val d’Elsa, pedaleando entre viñedos y suaves colinas, antes de ascender por carreteras secundarias hacia Gambassi Terme. Aquí merece la pena visitar la milenaria Pieve di Chianni o disfrutar de una pausa regeneradora en las termas, rodeadas de un parque de árboles centenarios.
El recorrido continúa por la auténtica campiña toscana, con constantes subidas y bajadas que ponen a prueba las piernas pero recompensan con vistas espectaculares. La llegada a San Gimignano es un momento único: las famosas torres medievales se alzan en el horizonte, formando uno de los perfiles más icónicos de Italia.
Dentro de las murallas, no os perdáis la subida a la Torre Grossa para admirar la ciudad y las colinas circundantes. Y si aún quedan fuerzas, aventuraros hasta la Rocca di Montestaffoli, desde donde se disfruta de un panorama aún más especial al atardecer.
Distancia: 80–90 km
Desnivel: aprox. 1.200 m
Al salir de San Gimignano, la carretera serpentea entre las colinas toscanas en un continuo sube y baja que pone a prueba las piernas pero regala paisajes de postal. Tras algunos tramos panorámicos entre viñedos y olivares, se llega a Colle Val d’Elsa, con su casco histórico rodeado de murallas de piedra y estrechas callejuelas que transportan al pasado.
Continuando por carreteras secundarias y escénicas, se pedalea por uno de los tramos más bellos de la Vía Francígena. La visión del castillo de Monteriggioni, con su corona de torres medievales erguida sobre la colina, es uno de los momentos más emocionantes del viaje. Merece la pena detenerse para dar una vuelta por sus murallas y contemplar las impresionantes vistas de la campiña.
El último tramo conduce hacia Siena, alternando suaves colinas con ascensos más exigentes. La entrada en la ciudad se realiza por la Porta Camollia, el acceso tradicional de los peregrinos francígenos al centro histórico.
La jornada concluye en el corazón de la Piazza del Campo, degustando un plato típico de pici con ragú de jabalí o con salsa de aglione, frente a uno de los escenarios más emblemáticos de Italia.
Distancia: 75–85 km
Desnivel: aprox. 1.200 m
Al salir de Siena, la ruta se dirige hacia el norte para adentrarse en las fascinantes Crete Senesi. Colinas áridas y onduladas se extienden hasta donde alcanza la vista, salpicadas de casas de campo aisladas y hileras de cipreses. Gracias al suelo arcilloso, el paisaje adquiere en ocasiones tonos gris-azulados que le dan un aspecto lunar.
El recorrido continúa por carreteras asfaltadas y tranquilas, atravesando pueblos característicos como Asciano y Castelnuovo Berardenga, hasta entrar en el corazón del Chianti Clásico. Aquí el paisaje cambia por completo: colinas cubiertas de viñedos, olivares y bosques que crean una paleta única, para disfrutar curva tras curva.
Antes de llegar al destino, una parada en el majestuoso Castillo de Brolio es imprescindible: durante siglos símbolo de la viticultura del Chianti y un lugar perfecto para admirar panorámicas.
La etapa concluye en Radda in Chianti, un pueblo medieval aún rodeado de murallas, con calles empedradas y enotecas que invitan a celebrar la jornada con una copa de vino local.
Distancia: 85–95 km
Desnivel: aprox. 1.100 m
La etapa final cruza el corazón del Chianti Clásico, entre suaves colinas cubiertas de viñedos de sangiovese. El recorrido se dirige hacia Panzano in Chianti, un encantador pueblo que alberga una de las paradas más famosas de la zona: la carnicería de Dario Cecchini, el “poeta de la bistecca”. Hacer una pausa aquí es casi un rito: embutidos y carnes de altísima calidad, y para quienes tienen tiempo y apetito, la legendaria bistecca alla fiorentina (es necesario reservar).
Después se continúa hacia Greve in Chianti, capital del Chianti florentino, con su plaza renacentista y su animado ambiente de ciudad-mercado. Entre enotecas, tiendas artesanales y productores locales, Greve muestra la verdadera alma del territorio.
El último tramo transcurre por una espléndida carretera panorámica que desciende hasta Florencia: una entrada triunfal y el cierre perfecto de un viaje único entre historia, cultura y paisajes de ensueño.
Y aquí, de verdad, no hace falta enumerar qué visitar: un día extra siempre merece la pena, dos mucho más.
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